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miércoles, 3 de enero de 2007

Tradiciones y mito.

He estado a punto de usar la T pero hubiera perdido un post futuro.

Bueno hoy tres de dicie... de enero del dos mil se… siete. Muchos de vosotros acabasteis/empezasteis el año con vuestra ropa interior roja, el anillo en la copa de cava, con dinero en el zapato, comiendo aceitunas o comiendo las uvas mientras hacíais el pino o comiendo… bueno lo que os apeteciese, pudierais u os dejaran.

Desde hace unos nueve años yo tengo un mito diferente en fin de año, clásico de esa noche en particular y de otros días en general: empezar el año liándola (que no liándome eso no ha llegado a mito… en todo caso costumbre*).

Que nadie se equivoque estuve con la mejor compañía. Cenando y saliendo con amigos. Llamémoslos grupo J y equipo F.

Con el grupo J quedamos para hacer la última cena y las uvas. Mi conocido prestigio en el mundo de la cocina hizo que subiera a rango de chef y, con todos como pinches por banda, perpetramos una tortilla y una lasaña (como dieta ideal para un nutricionista queda fatal pero en la nevera sólo había hamburguesas, pasta para lasaña y huevos). Todos estuvieron de acuerdo que lo mejor de la cena fue el embutido que habíamos comprado en un establecimiento de guardia. Ahí empecé mi gran noche. Fue uno de tantos de los empujones que se producen por fuerza con once personas en una cocina de un piso con dos metros cuadrados. El efecto bola de billar (por mucho que Pope no estuviera de acuerdo) hizo que me salpicara de aceite que me manchó (aunque Hume lo negaría). ¡A tomar viento la camisa! ¿Qué? ¿Qué debería ponerme un delantal? ¡¡Por favor!! ¡¡¡Tengo un reputación!!!

Bueno. Cap problema. Déjame llamar…

- ¡Hey! ¿Cómo estas?
- Sentado.
- Ya…
- ¿Me vas a felicitar el año?
- No… es para decir que llegaré más tarde.
- ¿Para eso me llamas? Si ya sabes que ponemos una hora por poner, los que llegan puntuales son tontos.
- … .
- Vale nos vemos luego.
¡¡Bien!! Ya tenía más tiempo.

Así volví a concentrarme en la cena y pude seguir manchándome con total impunidad. Se hizo el amigo visible y el mío tardo su buen cuarto de hora en seguir las instrucciones, pero le gustó mucho. A mi me regalaron.

- Un multi-pack de tampax.- Me los iba a quedar por si ligaba luego pero como primer regalo a una chica yo creo que batiría record*. Al final se los di a la novia de mi hermano.

- Un Mazinger Z (o lo más similar a él, es de los chinos).- Lo vendo… o regalo... puedo pagar una cerveza incluso para que alguien se lo lleve. Si hay alguien interesado pongo una foto.

- Un mocho que se rompió es su primer uso.

- Un libro que ya tenía (pero con el ticket, eso sí).


Menos mal que iba en coche. Acabado el regalo me marché a cambiarme, cosa que hice con gran eficacia y bastante deprisa, para llegar al encuentro del equipo F.

Con mi primer Cd del año en el coche llegué hasta Glorias cuando pensé en llamar al señor de las misiones para que me indicara dónde puñetas estaban. Genial. ¿Dónde está mi móvil? ¿Móvil? Ven, pequeño, ven… no te escondas… Mierda.





Recuperado mi móvil quedé en otra plaza desde dónde buscamos aparcamiento. En fin de año. En Barcelona. Barcelona-fin de año. Cap problema. Tengo un poder secreto*.

Después nos encontramos unas tres-mil personas en un espacio pensado para diez, bailábamos subidos en la chepa de los demás que, a su vez, bailaban subidos en la chepa de los demás que, a su vez bailaban en la chepa de los demás que, a su vez... A ver. Me gusta el roce. Pero mi cuerpo era un bien público y encima iba de claro. Así, poco a poco, nos trasladamos a sentarnos entre el capó de un coche (obviamente salió al minuto su propietario) y el maletero de otro (que no se quejó, al ser del maestro organizador). Tras un rato riendo alguno iba entrando en pos de nuestras bebidas. Me fui antes de lo habitual y llegué al coche solo para hallar mi espejo roto por un simpático al que no le debe gustar mi poder.

Pero bueno, es tradicón que el año empieze poderoso. Así, pues, estaré atento este septiembre a ver la siguiente sorpresa.


*
Escala (oficiosa y variable) de Takolandia.

- La primera vez es casualidad o serendipia.
- La segunda repetición.
- Tercera costumbre.
- Cuarta tradición.
- Quinta fiesta nacional.
- Sexta historia.
- La séptima un puñetero mito.
*En verdad el récord lo tiene el gran C.

*Eficaz por ahora en gran parte de España y parte del extranjero.

martes, 12 de diciembre de 2006

Otro tipo de Ponny (o poni o ponie o ponnie o...)

Cuándo hablé de caballitos (y fin de las discusión sobre los nombres) Neblina (vuelve, vuelveeeeeee, vueeeeeeeelveeeeeeeeeeeee) comentaba:

A mi me parece un poni, pero no soy una experta, aunque lo mejor de los ponis es poderte reir de ellos, y no te veo echándote unas risas con este, busca uno que provoque una sonrisita... anda.

A ver si lo consigo.

Siempre he tenido barba precoz. En octavo (de EGB), por una apuesta que gané, me dejé por primera vez barba aunque, en un colegio demasiado derechista, me hacían afeitarme desde séptimo (“aféitese señor Tako que no se le ve la cara”) y eso hizo que un poder mío sea acicalarme por la mañana y pinchar (si, chicas, pincho) a la hora del almuerzo. Con el tiempo hacer de Papá Noel o de Rey Mago se convierte en una tradición.

Por otra parte a mis ojos los decoran las ojeras desde mi tierna infancia. Bueno tengo fotos con dos años en las que no... era una metáfora (¡ah! ¿no lo es?... es que soy de ciencias y no se escribir, sorry).

Para terminar poseo lo que, normalmente, se me define como "voz característica"... lo que los más queridos llaman "voz de radio" y algunos "voz rara".

Todo esto ha sido la introducción, ninguna de estas cosas forman mi jaquito… debe ser difícil explicarlo, que le doy tantas vueltas. Vamos allá.

Un tradición (muy discutible o defendible) de colegios, institutos, universidades y demás son los viajes de fin de curso (sí, esos que nunca se hacen al final). No, mi equinito no es el lugar. En el brainstorming (o rain estormin para Javi) se barajaron nombres como Egipto, Ámsterdam, Grecia y los dos graciosos que escribieron Luna y mie… Nada tiene que ver con que se eligiera la capital de los Países Bajos. De hecho mi monturita nace a la vuelta, en la frontera alemano-francesa.

Y ahora cobran sentido ciento cuarenta y dos palabras (setecientos sesenta y nueve caracteres) de introducción.

Después de la noche de la última fiesta extrema (que eso, gracias a Quim, es otra historia) volvíamos a nuestro hogar. Yo llevaba barba de cuatro días, ojeras de tres e iba durmiendo. Y llevaba el regalo de un huevo kinder en mi bolsillo y, en su interior, un barquito.

Por lo que me contaron tres gendarmes, de paisano, subieron al autobús con un lema: “si lleváis droga en las mochilas sacarla ahora o arrepentiros para siempre”. Cuatro compañeros (y, ejem, un profesor) bajaron, tras la indecisión, con dos de ellos. François (no, no se llamaba así) se dedicó a pasearse por el autobús hasta verme a mí durmiendo con mi barba, mis ojeras, mis pantalones rotos, mi camiseta de los Suaves y mi regalo de huevo Kinder en el bolsillo… y me despertó.

Ahora imaginar que estáis en el mejor de vuestros sueños y os despierta un tío vestido de paisano con un:

- ¿Dónde llevas la droga?
- ¿Ein? (léase con voz de ultratumba).
- ¿Dónde llevas la droga?
- ¿Qué droga?
- Mira que hago subir al perro.
- ¿Droga?

Mientras François iba a por el perro me di cuenta que todo el autobús me miraba y el otro maestro me hacía señales de silencio. Y subió el perro. Supongo que me tenía que darme miedo. Se acercó a mí, me olió. Le acaricié. Me lamió el zapato. Le miré. Me miró con cara de pena.

- ¿Cómo se llama? (léase con voz afónica)
- La droga.
- ¿La droga?
- ¿Dónde está la droga?
- ¿Qué droga? ¿El perro huele le droga?

El perro me daba vueltas, más por hacer algo que por alguna razón concreta. Yo le iba acariciando.

- Ahí.
- ¿Qué? (léase en subwoofer)
- No te muevas.

Me registró y encontró mi regalito de huevo Kinder.

- ¿Qué es esto?
- Un huevo. (léase en plan Constantino Romero)

Ya habían subido todos los de abajo y ahora eran los dos profesores que me indicaban que mi vida dejaría de ser feliz en breve.

- Y que lleva dentro.
- Un barquito. (léase en tono bajo)
- ¿Seguro?
- Sí.

Abrió el huevo con un intento de cara de misterio mientras el perro se había sentado a mis pies, tras acariciarle yo la oreja.

- Ajá… …. …. un barquito.
- Sí, un barquito. Pirata. (léase con voz pronfuda)

Creo que fue en ese momento cuándo se dio cuenta de que estaba perdiendo su poder.

- ¿Llevas droga en la maleta?
- No. (léase con matiz ronco)

Se giró, se metió mi regalo en el bolsillo y se fue. Pese a que el odio de mis profesores estaba colgando a infinito aún dije.

- ¡Eh! El barquito es mío. (léase con timbre de desesperación)

Y no me hizo caso. Y me robó mi regalo. Y ahí mi corcelito.

¿Adónde fue mi navío? ¿Algún Françoisito disfruta de él? ¿Estará conociendo mundo? ¿Realmente François creía que había droga y se la llevó para su fiesta privada? ¿Será por eso que me mareé una vez?

Vuelveeee barquito vuelveeeee (y vuelve con Neblina).

Frase del día.-

Para que me follen, que me follen entero.

lunes, 27 de noviembre de 2006

Más sobre caballos

Ponies o ponys o ponnies o como sea. Bonita manera de empezar una semana, chicas, hablando de estas cosas.

Sólo me queda una abuela viva y con ella tengo mi pony.

Hay parejas que son ideales. Mis padres son geniales como padres (aunque, cada vez más, yo también veo que se hacen mayores) pero nunca han sido la pareja perfecta, si nos ceñimos a los manuales de cuentos románticos.

Mis padres me han enseñado muchas cosas, ojala consiga enseñar a alguien la mitad que ellos. Entre ellas que el amor es dejar a tu familia y tu lugar por alguien. O que el amor es tragarse el orgullo.

Cuando yo no era mayor de edad asistí a una discusión dónde mi abuela recriminaba a mi madre el casarse con mi padre. Es una de las pocas veces que he visto a mi padre callado (y eso en él, y en mí, cuándo pasa es para tenerlo en cuenta). En ese momento el impúber (bueno en verdad ya me había dejado barba una vez… en eso fui el primero de clase y de mis amigos) saltó con la mayor furia que recuerdo y, tratando de usted a mi abuela, le indiqué que dejara de meterse con mis padres. Además de conseguir que mi abuela se callará (que es otro récord en sí mismo) ese fue el inicio de una relación diferente entre todos. Nos alejamos de ella.

Ahora releo esto y pienso que para alguien que no lo vivió puede ser la más soberana tontería. Explicar que aquel día mi abuela se convirtió en la persona más odiosa del universo… lo siento. Fue un instinto de protección hacia mis padres. Desde entonces siempre me cuesta tratar de usted a la gente sin pensar en mi abuela. Y no es agradable tener sólo una abuela viva y que tu recuerdo más vívido sea este.

Besos y abrazos.

Cuídateme.