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viernes, 20 de junio de 2008

LA ERA DE LA REALIDAD

Capítulo 3: La verdad.

Voy dando tumbos por la especie de túnel, y aunque cada vez me acerco más a la salida, más me cuesta.
Solo unos metros más. He de medio taparme los ojos.
Estoy en el exterior. Los informes tenían razón.
Caigo sobre mis rodillas para observar que estoy en medio de una ciudad toda cubierta por óxido, coches, aceras, todo. Todo tiene un color naranja y gris antinatural. Me recorren varios escalofríos hasta que consigo ponerme en pie para volver a agacharme y vomitar todo lo que había ingerido. Mi cabeza me da vueltas.

Vuelvo a medio entrar en el túnel por el que acabo de salir. Pero algo me para y me obliga a salir, pisar la ceniza oxidada que lo cubre todo. El cielo…..no es azul. No hay nubes, no hay nada. Es todo blanco.

Empiezo a andar sin rumbo, con la misma expresión de un niño de campo que ve por primera vez la ciudad. Esto no debería de ser así. No dejo de repetirme eso. Mi cerebro no lo admite. Me siento en lo que anteriormente era un banco. Y descubro que la capa de ceniza y óxido se come la superficie de todo lo que toca. Me levanto por temor a que me produzca algún mal.

Como un borracho desorientado me dirijo a lo que debió de ser un kiosco. Está cerrado. De un golpe seco arranco la cadena que impide abrirlo. La ceniza naranja ha hecho su trabajo. Me meto dentro y no se por que, pero vuelvo a cerrar la puerta que tenia el cierre. Mi primer instinto es buscar un interruptor…el cual encuentro colgando del techo. Tiro de la cuerda pero no ocurre nada. Al tirar por segunda vez arranco un trozo del techo del malogrado fuerte.

Al caer el trozo del techo, se abre el consiguiente agujero por el que entra toda la luz que necesito para ver claramente. Hay periódicos y revistas por todos lados. Y empiezo a leer, mis ojos se mueven inhumanamente rápidos. Y localizo algo que me paraliza el alma. “El gobierno decide poner en marcha la evacuación masiva de todo ciudadano que aporte alimentos y suministros para su manutención mientras dure el ataque.” “El gobierno asegura que como medida cautelar borrará la memoria de todos los que sean clasificados aptos para la reclusión, así como los que no sean recluidos para evitar que el enemigo asimile los conocimientos necesarios para entrar en las bases subterráneas, y así asegurar el posterior resurgimiento.”

Un sudor frío me recorre la columna. Estoy hiperventilando. Pego un salto y corro en dirección a la habitación, a mi única salvación.

Gracias a Dios estoy llegando.

Ya veo la entrada, estoy sudando y jadeando. La carrera me ha costado, aunque no lo note. Solo unos cuantos metros más.

De repente algo empieza a silbar detrás de mí. Solo me quedan varios metros. El silbido se hace más fuerte. He de mirar.

Lo hago y me arrepiento en ese mismo momento. Una masa negra y plateada, espesa como aceite de motor, desafía la gravedad y se erige ante mí. Sigue silbando.
Empiezo a andar lentamente de espaldas. He de llegar a la habitación. He de llegar.

Esa masa se mueve al mismo tiempo que yo y recorre la misma distancia. Apoyo la mano en la pared de mi derecha para no tener que mirar atrás y ver donde está la entrada.

Consigo llegar al hueco que me llevará a mi salvación de esa abominación.

Despacio. Muevo mi cuerpo lateralmente cuando, de repente, un fogonazo de líquido sale despedido de esa cosa. Intento quitarme las gotas de la ropa, me desnudo a toda rapidez. Se acabó. Salgo corriendo en dirección a la pequeña entrada de mi habitación. El monstruo líquido no entra. Se queda en el principio del túnel.

Esbozo otra sonrisa victoriosa cuando me giro y me doy cuenta que el fogonazo de líquido no tenía como finalidad impregnarme, sino lanzar una parte de si mismo para cortarme la salida. Ahora la monstruosidad se convierte en dos.

Vuelvo a caminar de espaldas. No veo escapatoria posible. A medida que doy un paso para atrás el silbido me ensordece cada vez más.

Noto… noto algo frío en mi espalda…

No me puedo mover.

Mi cuerpo no me responde… mis brazos empiezan a ponerse en cruz…

¿Por qué? Solo dime el porqué.

¿QUIERES SABER EL POR QUÉ? ERES EL PRIMERO QUE ME LO PREGUNTA, DESPUÉS DE REVISAR TODA VUESTRA HERENCIA GENÉTICA, SOLO UNO DE VOSOTROS ME HACE LA PREGUNTA CORRECTA.

Esa voz. Le habla directamente a mi cabeza. Increíblemente estoy tranquilo, en paz. ¿Es esto la muerte?

NO. NO ESTAS MUERTO.

ESTÁS EN UN ESTADO PREVIO A LA MUERTE, ESTOY RETRASANDO ESE MOMENTO, EN EL QUE ASIMILARE TODO LO QUE SABES, TODO LO QUE SABE TU CUERPO Y TUS CELULAS. PERO ANTES RESPONDERÉ A TU PREGUNTA.

MATASTEIS A SANGRE FRIA A MI HIJO. SENTÍA PREDILECCIÓN POR VOSOTROS Y LE MATASTEIS. SOLO OS QUERIA BIEN. Y AUNQUE LE ADVERTÍ QUE ERAIS UNOS BÁRBAROS, ÉL QUISO ADOCTRINAROS. QUISO QUE FUERAIS MEJORES. Y SIN ÉL, MIRA EN LO QUE OS HABEIS CONVERTIDO. EN CELULAS GIGANTES QUE SE DESPLAZAN POR UN PEQUEÑO MUNDO COMO UN CANCER. DESTRUÍAS EL MUNDO Y A VOSOTROS MISMOS SIN MI AYUDA. AL FINAL LOS DONES QUE OS DI FUERON EN MI CONTRA Y DESCUBRISTEIS COMO HUIR.

No… no lo entiendo. No hemos matado a nadie de tu raza… hubiera salido en todos los medios de información… no lo entiendo.

EN ESO HE DE DARTE LA RAZÓN. Y DEBERÉIS PERDONAME, PERO HE LLEGADO CON CASI DOS MIL AÑOS DE RETRASO.

Dejo de respirar… no se cuanto aguant

miércoles, 18 de junio de 2008

LA ERA DE LA REALIDAD

Capítulo 2 – La tranquilidad del ojo del huracán.

…. veo… veo luz.

Me precipito por el hueco y consigo llegar hasta el origen de la luz. Salgo del estrecho conducto y me incorporo, parece ser que he llegado a una habitación iluminada por un halógeno incrustado en el techo…. no puedo dejar de mirar el techo, medio cegado.

Cuando recupero la conciencia de lo que me rodea enumero una cama, camastro, con una simple sábana color verde cuyo tacto me recuerda a las de los hospitales. El único mobiliario que hay en esta cuadrada habitación es una mesa de ordenador con una pantalla y un teclado, cuyos cables se precipitan contra el suelo y desaparecen dentro de él.

Me siento en la cama... se hunde y chirría como una bicicleta oxidada. Después de una hora he conseguido tranquilizarme. He intentado pensar en cómo he llegado aquí, o cuál es el motivo. He llegado a la conclusión: no recuerdo nada anterior a mi despertar en este laberinto de hormigón. Por más que lo intento. No recuerdo mi nombre. Nada. No recuerdo nada.

De repente, la luz del halógeno se apaga. Una sensación de miedo me embarga…me agarro a la cama fuertemente y me quedo quieto, esperando que algo pase, en silencio… y ese silencio se rompe algo golpea las paredes… en el exterior… corre a una velocidad de vértigo. Ese sonido se concentra en el cubículo en el que desperté. Y de repente… un golpe seco en el suelo es lo último que se oye.

La luz vuelve. No me muevo de la cama. Pasa más de media hora cuando decido hablar, avisar que estoy allí. Si algo va a hacerme daño, es inútil esconderse, en cambio si es compañía es mejor saberlo cuanto antes.

Cuando dejo de mirar la pequeña entrada a la habitación han pasado muchos minutos, me levanto y sin dejar de mirar la entrada me retiro hacia atrás…entre la mesa y la cama... donde descubro un interruptor. Lo acciono rápidamente y lo devuelvo a su posición original en menos de medio segundo. Por lo visto he encontrado la llave de la luz halógena. Y otra grata sorpresa... debajo de la cama hay un sanitario. Vuelvo a dibujar una sonrisa que se me borra de inmediato al saber lo que eso significa… mi estancia va a ser duradera.

No dejo de mirar la entrada. Sé que hay algo allí. Pasa… no sé cuanto tiempo pasa realmente, la paranoia se está apoderando de mí. Decido terminar con todo y me interno otra vez dirección al cubículo donde desperté... la sensación es de pánico a cada centímetro que recorro, sudo, y me dejo literalmente la piel en el camino.

Cuando llego al cubículo original no veo nada, hablo para avisar que voy a salir… y voy explicando cada paso que doy; me estoy incorporando, no voy a hacerte nada malo, no se porqué estoy aquí, quizá tu me puedes ayudar…

No hay respuesta alguna.

Decido volver a la cama. Cuando recorro todo el cubículo mis pies tropiezan con una bolsa de plástico. Doy un pequeño respingo y, si hubiera tenido espacio para saltar, lo hubiera hecho. Vuelvo a tocar la bolsa. Tiene un contenido blando…

Decido llevarme conmigo la bolsa. Cuando estoy a medio camino de salir, donde ya puedo ver un poco, me fijo y mis sentidos no me traicionaban, llevo una bolsa de plástico blanca que contiene algo... líquido. Cuando salgo a la habitación, vuelvo a mirar la entrada… no sé cuanto tiempo ha pasado… pero con la luz me siento… seguro. No sé explicarlo. Decido abrir la bolsa blanca… cual es mi sorpresa cuando encuentro dos paquetes de plástico parecidos a dos bolsas de gotero de los hospitales… una tiene agua, o lo que supongo que es agua, y la otra una pasta blanca.

Incluso tienen abre fácil. Derramo parte de la bolsa de agua… es... si, es agua. Es difícil de beber. El otro tiene un sabor dulce… es como la papilla de los bebés… quien quiera que me tenga aquí no quiere que muera de hambre y, al menos, me deja un reducto de dignidad a la hora de mis necesidades.

A media bolsa de lo que llamo tapioca, caigo que he tenido que entrar por algún sitio del primer cubículo, y las bolsas también. Es increíble lo que se consigue con tener el estómago en movimiento. Me he tranquilizado, incluso he dejado de mirar la entrada.

Ahora mi atención la tiene la pantalla y el teclado. Es una pantalla normal, y el teclado tampoco es raro para mí, tiene la bola de ratón incluida en su estructura. Pongo en funcionamiento la pantalla. Sale el logo de una empresa, y una carpeta llamada protocolo. Selecciono con un puntero móvil la carpeta... pero sólo se oscurece. De repente mi dedo hace clic dos veces, parece ser que mi cuerpo retiene más memoria que mi cerebro. Dentro aparece un documento que… un momento, habla de unos científicos… algo sobre... ”El big bang, la supuesta infinidad del cosmos no es tal, ya que la nueva norma universal es que todo principio tiene final, y como tal, el universo se creó en un estallido, y en ese estallido también creó su mecanismo de autodestrucción...” Hay fotos de algo que no reconozco, desde el aire se ve algo que cubre coches y parques… ¿un organismo? No lo sé.
Paso páginas y páginas que no me son familiares… no me suena nada.

Me paro en un titular: “científicos del gobierno analizan los restos del organismo, contiene memoria, memoria de otras civilizaciones a las cuales ha arrasado de la existencia, es un ser de conocimiento, aunque para ello extermine mundos enteros.”.

¿Esto es de verdad? Es lo primero que pienso, esto ha de ser una broma de mal gusto. No puede ser. No puede ser…

He debido desmayarme, me encuentro en el suelo, tal vez por estar en cuclillas tanto tiempo. Me niego a creer que la sociedad ha sido destruida y estoy en algún tipo de nave extraterrestre, es absurdo. De ciencia ficción barata y mala.

Vuelvo al ordenador. La pantalla sigue en ese documento que dejé. Sigo adelante a ver si hay algún otro documento más razonable… ”La iglesia da su versión del cataclismo: está en las escrituras, en el segundo advenimiento, el hijo de dios dejará de ser el cordero de dios, y juzgará.”

Lo que me faltaba.

Me niego a que me hayan secuestrado los extraterrestres, nadie en su sano juicio creería esto aunque un extraterrestre le estuviera abofeteando la cara. Debe de ser un mal sueño, un mal sueño. Una mala broma… pero entonces... ¿por qué no recuerdo ni quien soy?

Me tiendo en la cama y empiezo a reír de forma que me asusto a mi mismo. Después empiezo a llorar… que significa todo esto… no lo entiendo, no lo entiendo.

Me despierto… dormido otra vez… no hay cambios en la habitación, no se cuantas horas han pasado desde que he leído ese panfleto propagandístico, seguramente con la misión de desorientarme más de lo que estoy.

Después de mucho pensar, me encuentro en la esquina entre la mesa y la cama, sin ninguna conclusión. Pero... noto algo… en mi brazo. Frío. Noto una corriente de aire. Dios… a través del hormigón... hay una pequeña burbuja de aire que se quedaría ahí durante su construcción y ha ido deteriorando las paredes que lo recubrían… solo he de forzarlo un poco… y se empieza a convertir en arenilla… arenilla y sangre… cuando me arranco la uña del dedo… dejo de hacer fuerza…

Decido arrancar el monitor, sus esquinas pueden ayudarme más que la información a la que puedo tener acceso…

Cojo parte de la sábana de la cama y despedazo un trozo para proteger mi dedo sangrante.

Me incorporo y con toda la rabia que puedo agarro un lateral del monitor y tiro… tiro hasta que empieza a ceder… lo arranco y lo separo de su suministro de energía. De repente la habitación se ilumina más, todo debe de estar conectado al mismo generador. Prueba irrefutable, si fuera de construcción extraterrestre no tendrían un generador tan pobre que sufriera con la desconexión de un triste monitor.

Me río. Al fin me doy cuenta. Quien me haya hecho esto lo va a pagar o al menos voy a darle una gran sorpresa.

Me dirijo con el monitor en mis manos y golpeo la esquina débil de la pared con una de sus cuatro puntas, destrozo tres antes de poder meter varios dedos y empujar hacia dentro la pieza débil de toda la construcción y que solo la suerte podía reservar a una persona tan desesperada.

Curiosamente la pieza es del mismo tamaño que la entrada a la habitación. Me inclino para ver hasta donde puedo llegar...

Sorprendentemente hay un túnel bastante ancho, si salgo por el hueco podría ponerme de pie y caminar lo que parecen varios, bastantes metros, me doy cuenta que al final hay luz… me atrevería a decir luz natural... pero… está inclinado, es como si mi habitación estuviera en la base y la salida en otra altura.

Decido salir con fuerza, decidido, aunque sangrando. Pero voy a salir, y les voy a hacer pagar esto.

lunes, 16 de junio de 2008

LA ERA DE LA REALIDAD

Capítulo 1 – Despertar.

Despierto de forma repentina y de un sobresalto. No veo nada. Me toco la cara… no tengo nada en ella, mis ojos me dicen que no hay luz. Estoy sentado, con la espalda apoyada en la pared… fría. Creo que es hormigón, pero no tengo ni idea. Mi corazón me traiciona y empieza a latir rápidamente, y con ello me sobreviene la hiperventilación y el consecuente mareo. Toco todo a mi alrededor, de forma ansiosa, y mis manos me dan una imagen de lo que me rodea. Estoy atrapado. Entre cuatro paredes. Solo tengo espacio para ponerme de pie o sentarme. Es una especie de cubículo.

Pierdo los nervios. Empiezo a gritar. Pero no hay ni siquiera eco. Eso refuerza mi teoría del hormigón. Empiezo a llorar, sigo gritando por si alguien me escucha, gritando que estoy aquí, que soy…. soy… ¿quién soy? ¿Cómo demonios he llegado a esta situación? No recuerdo nada… Me agacho en la esquina más cercana a mí. La claustrofobia empieza a jugar su baza. Estoy sudando y los ojos se mueven sin control alguno. Vuelvo a tocar las paredes, buscando algo, no lo sé. Solo sé que quiero salir de aquí.

Vuelvo a derrumbarme, esta vez he quedado inconsciente… no sé ni por cuanto tiempo, pero estoy tendido en el poco espacio que tengo, con las piernas flexionadas, mirando hacia arriba… creo que es hacia arriba, he perdido el sentido de la orientación, pero la gravedad ayuda. Vuelvo a estirar los brazos para apoyarme en las paredes laterales e incorporarme, el brazo derecho consigue su objetivo, el izquierdo… se hunde en la negrura.

Me sorprendo tanto que no me doy cuenta que mi cabeza ha golpeado la pared y estoy sangrando… no mucho. Se dibuja una estúpida sonrisa en mi cara. Empiezo a palpar y me doy cuenta de que hay un conducto. Por el cual cabe perfectamente una persona adulta. Me apresuro en retorcer mi cuerpo para empezar a introducirme por dicho hueco. Consigo girar todo mi cuerpo y ya estoy dentro…. la sensación claustrofóbica es ahora inmensamente mayor, me falta el aire, y aunque tengo los brazos y piernas estirados la sensación de ahogo produce que crea que el conducto se cierra sobre mi.

Tardo más tiempo del que quisiera en reaccionar, me arrastro lo que me parecen varios metros, hasta que mis manos van a dar a una pared. Por un momento me rindo, suspiro, y doy por hecho que es un callejón sin salida…. hasta que veo… ¡¡veo!!! Mi primera reacción es frotarme los ojos… cuando creo que se han adaptado al rayo de luz que hay intento incorporarme, retorciendo mi cuerpo lo consigo, y veo que estoy en otro cubículo igual al que había dejado atrás, con la diferencia que este tiene dos huecos: por el que he llegado y otro colocado en la misma zona. Una gran diferencia, por ese último agujero es por donde se escapaban los hilos de luz que tanto me había alegrado de ver antes.

Me vuelvo a agachar para introducirme por el hueco luminoso… y al fondo puedo ver…