jueves, 17 de septiembre de 2009
martes, 10 de julio de 2007
Wanted!!
Puede que los llamen «La Guardia de Palacio», o «La Guardia de la Ciudad»
Nadie les pregunta nunca si es eso lo que quieren hacer.
Este libro lo dedico a esos abnegados hombres.
Terry Pratchett
Dedicatoria de ¡Guardias! ¿Guardias?*
Estaba tumbado con los ojos cerrados y lo oí, es poco disimulado intentar sorprender a alguien si llevas unos zapatos italianos y caminas sobre parquet. Cogí el móvil, llamé y empecé a vestirme formando esa escena que todos hemos sufrido alguna vez: el móvil ensandwichado entre la oreja y el hombro. Sé que me estáis buscando, pensé, pero si podéis situar la señal de un cincuenta y uno-diez merecéis cogerme. La técnica había evolucionado pero el truco era usar un móvil extinto.
Nokia 5110 en su versión con cámara.- ¿Qué coño se supone que estás haciendo? – susurré mientras me ponía los calcetines.
Le conocí en el congreso de dentistas. Protegía a mi objetivo. Nuestra amistad empezó cuando le convencí de que tenía sus derechos y que no debía acompañar a su cliente a todas horas. En aquel momento fue una gran idea, que me permitió poder hacer mi trabajo.
- Estoy tomando un café, jefe. Es mi rato… mi rato libre. Eso. ¡Es mi rato libre!- Quizás se te olvida pero… ¡se supone que me estás protegiendo! – no, no chillé, me quedé con las ganas mientras se acercaban los pasos.
Era el presidente, fundador, secretario, tesorero, relaciones públicas y único elemento del sindicato de guardaespaldas.
- Y quizá no tienes en cuenta que tengo derecho a quince minutos libres por cada dos horas. Lo dice mi sindicato. - ¿Y? ¿Estás asociado contigo mismo? – susurré, mientras el ruido se acercaba, agradeciendo que el arquitecto hubiera visto las suficientes películas americanas como para poner escalera de incendios.
Seguramente, pensé, no perdería tiempo en preguntar y tiraría la puerta abajo. Llevaba demasiadas fugas in extremis como para andarse con chiquitas.
- Bueno… estamos empezando. - Al menos… ¿puedes decirme la situación?
Vale, no sabía de deportes, en su favor decir que yo tampoco, pero nos entendíamos. Ronaldo es el agente Pérez, un asentado gordito. Urdangarín e Indurain vinieron de la Ertzaintza siguiendo cada uno su historia de amor, descubrieron que su pubilla era la misma y decidieron que, en general como concepto, todo el mundo es bisexual y acabaron formando una pareja. Conchita, la fibrada subinspectora, joven, inteligente, bella y madre separada… era la única con algo de inteligencia del grupo. Lo que no comprendía es cómo me habían encontrado. Me aseguré de dejarme ver y coger habitación en otro hotel y, cada noche, aprovechaba un disfraz de pizzero para moverme a mi destino oculto.
- Pues parece que el mister ha elegido una defensa de cuatro, formada por Ronaldo, Urdangarín, Indurain y Conchita Martínez. - ¿Seguro que no te han seguido?
La maldición de la pantera negra. Fred, "el gran buda", murió tras una larga agonía. Todo el mundo le respetaba y amaba, pero nadie quería estar ahí en el momento de su traspaso ya que, antes, él traspasaría el símbolo del gremio de ladrones. Me aseguré de tenerla en mi bolsillo. Cinco centímetros de brillante jade negro, tallada perfectamente, una figura de una pantera en posición de ataque y con ella su mala suerte. Juraría que la cabrona me estaba mirando. Nadie tenía prisa por ser el nuevo líder, todos sabían el gafe que la acompañaba. Llevaba tres meses cargando con la maldita y mañana la entregaría a su destinatario, designado por minoría absoluta.
- No, jefe. - Ojo, jefe, Conchita va por la retaguardia.
Subir a una azotea no es compatible con hablar por mi móvil. Al menos tenía suerte, siempre lo podía usar de arma arrojadiza.
Siempre podía usar un manos libres.- Quedamos en el punto G.
Todos los puntos eran el mismo, pero tampoco era cosa de desanimar las paranoias o el erotismo veraniego. Me puse el mono y subí a la parte trasera del camión de basura gritando.- ¡¡Vámonos, Sam!!
Reconozco que era lo menos disimulado del mundo, pero no nos pararon.
Al día siguiente estaba comiendo cuando entró Fernández.- Buenos días, inspector.
Se bebió el café de un sorbo y se levantó.
- Comisario, ahora soy comisario – parecía poco sorprendido por mi presencia.
- Sube usted como la espuma...
- Bueno ya sabe que hay otras que también suben. Lo de siempre, gracias. ¿No tenía un guardaespaldas?
- Tiene una hora libre para comer, cosas de su sindicato ¿Le apetece tener nuestro momento Atrápame si puedes?
- No. Sé que esta mañana pasó usted la pantera negra al nuevo líder.
- Le veo bien informado. Así, pues, ya no tiene que seguirme. Pone usted excesivo celo en su trabajo. ¿Ya ve suficiente a su mujer? Ah, cierto… ella hace jornada extra en el juzgado.
- Y ha venido a mi bar favorito, me ha cazado… le veo bien informado, también. No, Sir Villet. Por ahora es libre. Pero no me extrañaría tener que perseguirle de nuevo.
- Lo dudo, ahora el zoo lo cuida otro.
- O poco me equivoco o lo pillaremos esta misma semana. Ya veremos, no todo el mundo es tan salamandra como usted.
- Me halaga, señor.
-Nos vemos, caballero. - Pago yo.
Rió. Era la primera vez le veía reír.
- ¿Comisario? ¿Cómo sabían siempre mi posición?
- Bueno… había una vez un agente que tuvo la pantera durante unos minutos. Los suficientes para situarle un GPS.
- Si alguien hubiera conseguido eso, podría haber ascendido en cuestión de semanas a base de atrapar a los poco precavidos… hasta llegar a… quién sabe… ¿a comisario incluso? - Pero si eso fuera así – continué - y alguien de mi gremio lo supiera podría anularlo. Y si alguno de los suyos lo supiera quizás le gustaría compartir honor y gloria con ese agente.
Lo mejor que podía hacer era alejarme de Jimmy “el coletas”, nuestro nuevo líder. Cuanto más lejos mejor. Aposté en la porra que tardarían una semana máxima en pillarle y quedé para ajustar cuentas.
- Oh sí, ciertamente. Por suerte… nadie lo sabe. - … le falta parte del pago, jefe.
Le miré. No daría su brazo a torcer, le conocía. Así… cogí aire e intenté entonar lo peor que pude.
- No, me niego. Por ahí no paso. Podrías tener en cuenta nuestra adolescente amistad.
- Ya sabes que me obliga mi sindicato.
- Hay algo que no me convence de todo este rollo del sindicato.
- Bueno… si te sirve de consuelo… no es idea mía, es de mi primer asociado… y tampoco es cosa de llevarle la contraria… ¿no?
- Eso es lo que no me convence: tu primer asociado.
*Sí, la traducción original es ¡Guardias! ¡Guardias! Pero la edición de Martinez Roca la cambiaba para mejor.
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Etiquetas: cuentos, es3, trabajo, vacaciones
lunes, 5 de febrero de 2007
Excursión II
Tenemos (Sir Villet y yo) un post escrito, a medias. Está al setenta por ciento pero, obviamente, no lo estás leyendo. Mi jefe me ha llevado de excursión otra vez. Y Sir Villet está missing (para variar). Mientras tanto “permanezca a la escucha” y puedes disfrutar con esta canción.
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Tako
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miércoles, 20 de diciembre de 2006
Apostando
El señor rosa es calvo, pelirrojo, pijo (como indica su jersey – rosa, claro - del cocodrilo) y fuma un Malboro largo, dejando escapar el humo como un auténtico profesional. Mezcla la baraja, a una mano, sin perder en ningún momento su media sonrisa irónica, ni siquiera cuándo deja el cigarro apoyado en su comisura para repartir. Una, dos, tres, cuatro, cinco.
El señor rojo es agua que fluye. Su sonrisa (y el resto de cuerpo) de buda hace indicar que el mundo es maravilloso, independientemente de todo lo demás. Mira sus cartas con ojos indiferentes mientras da una calada a un purito avainillado.
El señor negro tiene los naipes con el anverso girado, lo que hace suponer que los estaría mirando al revés… si no fuera por que está más interesado en algo que parece suceder a la esquina… hacía lo que lanza el humo de Ducados.
El señor gris sonríe, extrañamente, mientras mira con ojos incrédulos la mano que le ha tocado y se abanica para evitar todo el puñetero humo. A él le toca hablar.
- Servido.
- ¿Volvemos a repartir?
- Tres.
- Dos.
De vuelta con el rubio en el labio, el señor rosa reparte las descartadas: ninguna a gris y negro, tres a rojo, dos a él.
- Voy.
- ¿Dónde?
- Voy.
- Voy.
- ¿Estas por el juego?
- ¿Eh?
- Mira… mejor terminas de arreglar el, ejem, problema. Parece que esa esquina está interesante. ¿Ok?
El señor negro parece feliz de dejar la partida y se marcha de la habitación hasta… ves a saber.
- Voy con un acueducto.
- Paso.
- Lo veo y subo a no vas a tener vacaciones en navidad.
- Lo veo y subo a turno de la mañana.
- Paso.
- Lo veo y subo a turno doble.
- Voy.
- Voy.
El señor negro vuelve con un bocadillo para pemitir que la paleta de colores descanse. Se sienta en su sitio y, como si nada hubiera pasado, mira alternativamente a la esquina y a sus cartas.
- Repóquer de reinas.
- ¡Bah! Full de ases y reyes.
En un momento de lucidez, mientras deja en paz la puñetera esquina, el señor negro se gira al ver que se ha creado un intenso silencio
-Cof, cof.
Que rompe el señor gris, harto de tanto humo.
- Que... la proxima, si eso, para dar ambiente lanzamos una granada de humo, oye.
Una extraña sensación nace en el señor negro. Algo se mueve en su mente y mira al señor gris, que sonrie. El señor negro mira las cartas y repite en su mente (repóquer de reinas, full de ases y reyes... repóquer de reinas, full de ases y reyes... repóquer de reinas, full...)
- Repóquer de comodines.
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Tako
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miércoles, 15 de noviembre de 2006
Excursión
Hoy me he despertado más pronto de lo habitual para descubrir un mensaje esperándome. ¡Bien! Era de mi jefe, mi gozo en un pozo. Ponía llámame es urgente. Mi mano ha sido más rápida que mi mente y le he llamado. No tendría que hacer estas cosas recién despertado. Así, pues (como hizo otro grupo en su momento) dedico esta canción (que cantábamos en la escuela) a mi jefe.
que bueno es que nos lleva de excursión.
Nos lleva a un lugar frío y lejano.
mi jefe nos ha dado por el... ojo.
La canción sigue sólo has de ir cambiando la tercera línea.
Venimos corriendo no desayunamos,
Los problemas ayer creados solucionamos,
Nos toca hacer un curro espartano,
Frase del día.-
Que bueno es el santo de mi jefe.
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Tako
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