viernes, 5 de enero de 2007

Estaba en su habitación mirándolo fijamente. No daba crédito. Un mayordomo, una ama de llaves, un chofer, dos cocineros, tres consejeros, dos secretarias, cuatro agendas, ocho calendarios, una mujer, tres hijos… y nadie se había dado cuenta. Era una sensación nueva darse cuenta de las cosas así, de repente, sin ser avisado. Por suerte, cincuenta y cuatro años consigo mismo le habían enseñado qué hacer: se acercó al teléfono y marcó el dos.

- ¿Pasqual?
- ¿Señor?
- Llame a Bautista.

Baustista entró por la puerta con su gorra bajo el brazo, siguiendo las normas establecidas en las películas de ricos que había visto de pequeño…. cosa realmente inútil ya que él nunca le miraba.

- ¿Señor?
- Nos vamos al centro.
- ¿El señor ha visto la hora?
- No.
- Son las siete de la mañana, señor, usted nunca empieza a trabajar hasta las once.
- Ya… pero... mire esto.
- Entiendo señor.

Bautista y él bajaron por las escaleras mientras el enjambre de trabajadores de la mansión se levantaba. Todos miraron extrañados. Ver al señor bajar tan pronto era todo un espectáculo.

- ¡Pasqual!
- ¿Señor?
- Usted viene con nosotros.
- Como desee el señor.
- Y…
- ¿Señor?
- Que venga Ofelia también

Bautista, Ofelia y Pasqual se sentaron delante de la limusina, dejando que el señor se recreara en la parte trasera. Desde su posición privilegiada veía cómo se levantaba su finca, cómo salían de ella y cómo se incorporaban a la C-58.

- Estamos parados.
- Hay caravana, señor.
- Podemos coger el helicóptero.
- No tendríamos dónde aterrizarlo, señor.

Llegaron a las ocho.

- Espéreme aquí, Bautista.
- No puedo, señor, está prohibido estacionar.
- Bueno pues aparque.
- La limusina mide dos metros, señor.
- Pues vaya dando vueltas.

Ofelia y Pasqual habían comprobado que estaba cerrado pero el señor ya había bajado.

- Podemos dar una vuelta mientas abren.

Si hubiera bajado un OVNI la cara de ambos sirvientes se hubiera extrañado menos.

Media hora después se había formado un grupo intercultural que contaba con afán las vueltas que daba el vehículo blanco. Mientras tanto los tres mosqueteros habían entrado en un bar donde todos los carajilleros miraban sus copas buscando la razón de tal alucinación.

- Un Cardhu, caballero
- Emmmm, no tennemmo.
- Que lástima, póngame un Blue Mountain.
- ¿Er qué?
- Un café y un güisqui.
- Servió.

A menos cuarto estaban en la puerta.

- Aún no abren.
- Hasta las nueve no abren, señor.

Se asomó un señor con bufanda del interior

- Dhelante de uhstedes les thoca a unos sheñores que esthán aquí desde las ocho.
- ¿Y dónde están ahora?
- Thomando un cafhé.
- Bueno… pues igual que nosotros, que hagan cola, ¿no?




Moraleja: Por ahora los reyes magos me han regalado un DNI nuevo. Lo tenía caducado desde 2005. Llevo dos años sin identificar.

3 comentarios:

Duschgel dijo...

Un placer leer su relato, Sir Villet. Desde luego que, si no nos llega a poner la moraleja, nos hubiéramos quedado con un interrogante gigante. ¡Y luego dale vueltas al acertijo para desentrañarlo!

Un beso en la mano.

Carolina dijo...

Un Gin Tonic para mí ... y los demás que esperen


Seguro además del DNI los Reyes te darán alguna cosita más.

Duschgel dijo...

Por cierto, ¡muy bueno el banner!