Encuentros, reencuentros y desencuentros
Llevo unos días un poco perdido (no te habías dado cuenta, ¿verdad?). Aguantando el tirón de un Agosto (ahora si que es verano, ayer el viento quemaba en Barcelona) con una ocupación laboral extrema (sí, hay gente que trabaja en Agosto y mucho).
Cuando alguien tiene un momento desaparición (no dar noticias durante unas dos semanas ya se considera Houdiniano) las llamadas para reencontrase suelen empezar por un “¿estás vivo?”. Y, si tienes mi tono de voz, provoca la siguiente pregunta de manera inmediata “¿estás bien?”. Sí, estoy vivo (por ahora no me apetece comer cerebros humanos o alimentarme de sangre) y sí, estoy “bien” (como diría Úrsula… “¿bien?, ¿en que sentido?”... pues... en general, como concepto).
Tengo ganas de empezar a ver a los que vuelven. Por ahora la suerte (bueno, en verdad, el trabajo) no me lo ha permitido. Pero poco a poco. Por ahora estoy planificando mis próximas desconexiones y el día 22 (de septiembre) mataré dos pájaros de un tiro.

Y, no se como lo haré, pero hay cotro grupo que, esta vez, no se me escapa.

Cuando alguien tiene un momento desaparición (no dar noticias durante unas dos semanas ya se considera Houdiniano) las llamadas para reencontrase suelen empezar por un “¿estás vivo?”. Y, si tienes mi tono de voz, provoca la siguiente pregunta de manera inmediata “¿estás bien?”. Sí, estoy vivo (por ahora no me apetece comer cerebros humanos o alimentarme de sangre) y sí, estoy “bien” (como diría Úrsula… “¿bien?, ¿en que sentido?”... pues... en general, como concepto).
Tengo ganas de empezar a ver a los que vuelven. Por ahora la suerte (bueno, en verdad, el trabajo) no me lo ha permitido. Pero poco a poco. Por ahora estoy planificando mis próximas desconexiones y el día 22 (de septiembre) mataré dos pájaros de un tiro.

Y, no se como lo haré, pero hay cotro grupo que, esta vez, no se me escapa.